No es
la primera, ni
la segunda, ni
la tercera, ni
la cuarta vez que escribo sobre el metro y las costumbres de sus gentes; ni siquiera es
la quinta. Es -junto con
la caca y la ropa interior- uno de los
temas más recurrentes del blog; y en esta ocasión, al diseccionar la fauna del metro he detectado tres tumores: los
falsos testigos, los
encubridores y los
cómplices (este último es una aportación de
Álvaro).
Los
falsos testigos son esa gente que
baja corriendo las escaleras del andén. Esas personas que te hacen precipitarte a ti también, creyendo que todavía estás a tiempo de coger
el último tren. Pero
llegas al andén y no hay nada; quedan aún dos minutos
en el marcador, Rocky se ha puesto a hacer estiramientos y detrás de ti baja otro corredor indignado que ha seguido tu pistoletazo de salida.
Pero eso no es todo, a este señor le sigue a su vez una hilera de atletas que -imitando a sus predecesores- han creado un
bucle de falsos testigos que durará aproximadamente un minuto y medio; momento en el que la siguiente persona que valide su billete y eche a correr siguiendo a la procesión, llegará al andén y se encontrará allí el metro, a punto de irse. Para ese señor, el que le ha pasado el testigo será -valga la redundancia-
un testigo real, de los de mano en Biblia.
Venga Rocky, cuesta arriba, con un par. Tal vez a Toyota le interese fomentar esta actividad como réplica a
la campaña de Volkswagen.
Los falsos testigos tienen delito, pero los más condenables son los
encubridores. Estás validando el billete y oyes que llega un metro. Te fijas en la gente que baja las escaleras de los dos andenes para
deducir si el que llega es el tuyo o el que va en dirección contraria y evitar así generar el bucle de falsos testigos; y ves que la persona que está bajando las escaleras que van a tu andén lo hace con toda la tranquilidad del mundo. O bien el metro es el de la otra vía o ya está cerrado las puertas, así que te relajas; hasta que llegas al andén y ves las puertas del vagón cerrándose con el encubridor dentro. ¿Tanto le costaba dar una señal, un pequeño trote?
Y por último encontramos a los
cómplices. Las personas que acaban de salir del vagón del metro y te ven bajar las escaleras mientras ellos las suben. Esa gente
sabe perfectamente si te va a dar tiempo de coger el metro o no. Son cómplices del metro y también de los encubridores; y se toman la libertad de juzgarte, echándote encima el reojo del indulto o el de la condena.